martes, 1 de septiembre de 2015

INVIERNO


INVIERNO


              Siempre supieron que ese día, tarde o temprano tendría que llegar. Por más que no pensaran en eso, ni visualizaran los pro y contras de la situación. Ahí estaban, frente a frente. Y los días anteriores de rutina y monotonía, de olvidos y despistes ahora eran una carga. Ninguna tenía un plan prearmado para saber que hacer  o decir.
              Frente a frente. Había recuerdos de las ropas y los gestos;  Colocar el pelo detrás de la oreja por un lado, morder el labio inferior por el otro. Las cicatrices que poblaban los rostros seguían ahí. Una sobre la ceja derecha y otra a lo largo de del cuello.
                   Se conocían a la perfección, ahora recordaban cuantas veces sus lenguas y manos, habían recorrido el cuerpo que tenían enfrente; uno blanco y enjuto, otro largo y perfecto.
        Las palabras dichas frente al espejo una y otra vez se escondían tras el asombro provocado por el encuentro.
                        Y no fue por culpa de nadie la separación, ni del tiempo o del miedo; sólo que los cuerpos se fundieron uno en el otro y autómatas siguieron sus pasos dando por echo que la otra aceptaría todo, por que se querían, por que eran una…por que serían eternas.
              Y cada vez brillaba menos  el recuerdo de las noches juntas. Fugaces, porque así fue el destino con ellas. Prisioneras de una historia sin futuro desde el comienzo.
                    A los oídos  llegaban sólo algunas palabras, recordó a te quieros y mil versos, sueños trasformados en pesadillas y promesas que nunca se cumplieron.
              Los movimientos estaban estudiados, piernas cruzadas al sentarse por un lado y por el otro, juegos con el anillo que dejaban ver unas manos delgadas con el asomo de todos sus huesos…perfectas para quien estaba al frente.
              Los recuerdos se apoderaban de los cuerpos.  La pradera donde se produjo el primer encuentro, la noche que conocieron el fuego, palabras dichas desde el alma, peleas que terminaban en la cama.
              Llueve afuera, las gotas escurren  por los cristales con languidez. Aguantan las lágrimas, se arrepienten por no haber encarado el futuro desde otro ángulo, haber hablado en vez de gritar, haber actuado en vez de esperar que la vida fuera de la forma que  a ellas les convenía.
              Se saludan, besos que dejan sensación de presión en las mejillas, ojos que se cierran conteniendo las ganas, brazos que se aprietan queriendo retener un poco más el tiempo,  olores conocidos; el perfume que se regaló para aquella fecha, la crema que se trajo de aquel viaje y todos observan cómplices el reencuentro, se preguntan si alguna vez existió algo o si es ahora cuando todo comienza. Y ambas piensan en el qué dirían si supieran que se conocen desde las entrañas al alma, que la vida las juntó mucho antes que se conocieran, que nacieron para amarse en el país de las sombras, que cada poro del cuerpo fue llenado por los poros de la otra, que conocieron el cielo que se refleja en los ojos, el infierno de saberse sin futuro y se separan y se alejan y vuelven a estar frente a frente una en cada esquina del salón.
              Piensan en su historia. La pasión derrochada en cada mirada, la rabia por cada hora de separación. Y clavan su mirada en lo más profundo de  los ojos. Vuelven a expresarse los códigos ya conocidos. Una mano al cuello que lentamente baja por el pecho, ojos que brillan deseando ese cuerpo, sonrisas que invitan al cielo, rictus que expresan tensión.
              Entonces entienden que el juego será eterno, que a lo mejor si una se va primero, luego la otra la puede alcanzar sin llamar la atención. Y la más alta se despide del resto, culpa a la jaqueca que espera que no aparezca y en la puerta, vuelve su mirada y da el vamos al encuentro           
              Separadas en sus propios autos, se dirigen a la pequeña cabaña de la precordillera, la que está rodeada de eucaliptos y conocen a la perfección. Saben que habrá lágrimas y besos, que los cuerpos se unirán en mil destellos.
              Mientras sigue lloviendo,  se recorren con la mirada, quitan la ropa que estorba y se tiran al suelo. Tratando de ganarle al tiempo, se aproximan, se seducen; se enredan en sus propios abrazos. Mezclan besos, intercambian pasión. Vuelven a consumirse una en la otra, vuelven a fundirse…desde la médula a la piel.
              No entienden por qué todo es tan difícil, porqué ganó el trabajo, los miedos, la familia, los comentarios y el silencio.
Y se escuchan promesas de viajes y vida en común, pero hablan poco, saben que el tiempo  no está de su parte.
              La lluvia golpea los cristales, torbellinos de dudas surgen entre ambos cuerpos…¿y si nos vamos ahora?…yo tengo dinero…dejemos una carta…mañana llamamos por teléfono…
                   Pero no hacen nada, saben que no llegarían muy lejos. Piensan en los niños, las colegiaturas, las horas al médico, las fiestas de quince y de graduación, el dentista, las urgencias en la clínica alemana. Por un segundo piensan en Gonzalo y Cristian, si el destino terminaría por juntarlos para pasar las penas.
              Y se odian, culpan a los años pasados, la falta de valentía para defender lo de ellas. Si hubieran hecho lo correcto solo Gonzalo y Cristian serían los heridos. Pero ahora hay niños de por medio, niños de la otra que nunca serán propios, niños que ven a la tía tierna y cariñosa que siempre tiene tiempo, que siempre los acompaña cuando su padre está en otra reunión importante.
              Y recuerdan la universidad, sus primeras miradas. Idas a la playa todos juntos y fogatas llenas de guitarras. Cuando aparecieron Gonzalo y Cristian llenos de proyectos y grandes sueños, cautivando, hipnotizando. Y descubren que esa ceguera sólo duró unos años, que no fue amor, que en la búsqueda de nuevas emociones, se perdieron.
              Entonces se duchan, como antes, cuando no había prisas y deciden verse al día siguiente, para comenzar el juego oculto que ya conocen. Se besan, vuelven a llorar, se aprietan como nunca, aguantan la respiración; les duele el alma, el cuerpo y el corazón.
              Bajan sin mirarse, suben a sus autos sin hablar, encienden los motores y se alejan una vez más.
              Se adelantan de vez en cuando mirándose por los retrovisores. Saben que nunca más, que nunca más será como antes, que ambas tienen sus familias, que les aterró formar una en común y se arrepienten  y tienen cargo de conciencia y Gonzálo y Cristian estarán pensando que la reunión de ex alumnos está entretenida y por eso tardan.
              Y lloran, con la radio encendida y la lluvia cayendo contra el parabrisas; porque se aman y se perdieron; porque se aman y no supieron…para que duela menos, dijeron. Y en los cuerpos aún están plasmados los besos de la otra, los mapas dibujados en la espalda, la pasión galopando por las venas.
              En la calle principal se separan, una mano que se asoma agitada, unos ojos llenos de lágrimas.
              Y llegan a sus casas. Gonzalo y Cristian preguntan si había alguien conocido, si estaba María y si estaba Carla. Y ellas dicen que sí, que siguen igual que siempre.
              Y se meten a la cama y ambas a la distancia saben en que están pensando…la condena de estar toda la vida con la persona equivocada al lado.              
              Se duermen con lágrimas en los ojos y la garganta apretada.

Afuera todavía queda mucho de invierno.
(Cuento escrito en el verano del 99'9

3 comentarios:

  1. Saludos, cada vez que te leo me transportas... Que habilidad la que tienes!!! Solo una buena escritora logra algo así en mi. Gracias gracias gracias Violeta!!! Aveces nos perdemos para encontrarnos y así saber a donde perteneces, que complicado el ser humano pasar tanto trabajo solo por no tomar una decisión, CUAL? DEJAR EL MIEDO... y DECIDIR VIVIR EN EL AMOR...

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  2. Guauuuuuuuuu, Prince, eres una escritora excepcional, tienes un gran talento. Por Dios como haces verme reflejada en tus escritos. Cuanto miedo llevamos dentro y no nos atrevemos a dar ese paso trascendental en nuestras vidas que nos haría tan felices....
    Un abrazo

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  3. MI bella, cuántas cosas hemos hecho en forma errónea? cuántas cosas no hemos hecho?, cuánto hemos dejado de sentir? maldito miedo... maldito miedo que a mi me paraliza... maldito miedo que no me deja avanzar... no dejes de escribir.... no dejes de sentir y no dejes de actuar, te adoro!

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