Sentí como temblaba mi cuerpo, se iba agrietando mi alma y mi corazón y se derrumbaba la confianza.
Vi ante mis ojos como se desplomaban los pilares de toda una vida. Esos que con paciencia y entrega diaria
habían construido mi morada: amor.
Mi reconstrucción debía comenzar con la destrucción de las ruinas que quedaron en mí. Ruinas que hacían imposible levantar cualquier cimiento.
La rabia, que impedía cualquier posibilidad de resurgimiento. La pena, que hacía endebles mis tabiques, la impotencia que nublaba mis contrafuertes y el dolor
que inmovilizaba la acción.
Recurrí a los expertos en reconstrucción de almas. La familia, que me cobijó el tiempo necesario. Lamiendo mis heridas como si fueran propias. La amiga de toda la vida, que me sostuvo en sus brazos hasta que pude volver a dar pasos sola, los especialistas que con largas jornadas de conversación fueron llenándome de fuerzas.
Pero los terremotos dejan fracturas profundas. Todo lo visible y tangible se puede recomponer, pero debajo de aquello sigue la grieta estando latente, recordándonos que en cualquier momento una nueva onda sísmica nos puede sacudir.
Entonces la precaución comienza a ser parte de nuestro subconsciente. Ya sabes los terrenos donde jamás volver a construir y también descubres cuales son las zonas seguras a las que escapar.
Ha pasado un año. Un año lleno de sucesivos terremotos personales y donde parte del resto ha vivido uno real.
Puede derrumbarse todo lo material, puede que nos veamos de pie en medio de la nada, pero jamás podrán destruirnos los sueños.
Ellos son la fuerza que impulsa todos nuestros actos. Nuestros ideales, las esperanzas, las ganas de comerse el mundo, de volver a amar. Si lo soñamos, lo deseamos. Si lo deseamos, lo visualizamos. si lo visualizamos, nos enfocamos. Y una vez enfocados solo debemos dirigir las fuerzas a concretarlo.
En mi suele temblar. Suelen activarse todas las alarmas y en mis ojos casi siempre hay tsunamis, pero no temo. La reconstrucción puede tardar, pero la esencia que nos hace únicos, es la base certera de que siempre nos volveremos a levantar. Y una vez ya erguidos, estaremos nuevamente preparados, para lo que la vida nos quiera entregar.
Un año después.....volví a levantarme. Ya estoy de pie
Prince, me alegro mucho que ya estés de pie y mas fuerte.
ResponderEliminarUn abrazo
gracias linda
Eliminarse que tu mayor fortaleza y pilar fundamental es el amor, ese amor que alcanza para todo...y te llevará lejos... cada réplica acomoda un poco, aunque demore lo lograrás, gracias por todo ese amor que entregas, gracias por cada palabra y siempre cuenta conmigo, si necesitas mi mano como apoyo a levantarte o para reconstruir ahí estará... o aunque sea para leerte, ahí estaré... te adoro, un abrazo desde lo más profundo de mi ser...
ResponderEliminarRomi querida....te quiero tanto!
ResponderEliminarMe hace falta ese abrazo apretado....que siempre sentí tan sincero.... yo tb te quieeo mucho
EliminarBello Violeta!!! No soy cercana ni te conozco pero puedo sentirte y también aquí estoy, una oyente si quisieras que no te conoces y aveces eso es bueno, porque escucha 100% con objetividad, amigas de blog o simplemente para leerte, lo cual es un regalo para mi. Beso gigante Violeta y un abrazo de animo sigue adelante aunque sea difícil estacionada nunca saludos.
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